Esta carta se la escribí a mis papás en septiembre del 2013 cuando decidí dejar la carrera de medicina. Seis años después de haberla escrito, sigo pensando exactamente igual. La he subido tal como la encontré.

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” dice Serrat y la verdad es que siento que no avanzo con este tema de medicina.

En uno de sus viajes a Bahía, fui a recoger a Laura a su universidad. Llegué un poco antes y decidí entrar para tomar un café en el bar. Como dato debo agregar que acaba de enterarme que no pasé en neuroanatomía y debía dar un supletorio, naturalmente estaba enojada, y decepcionada más que de mi desempeño, de haber vuelto a elegir medicina. Una vez dentro de la universidad me dio curiosidad y me acerqué a preguntar sobre las carreras. Me llamó tanto la atención la manera en la que me recibieron, fueron tan tan amables conmigo, pero más me llamo la atención que haya podido asombrarme el trato hacia el visitante y la amabilidad con la que estuvieron dispuestos a darme información. Me di cuenta que estoy tan acostumbrada a que en mi universidad me traten mal que no podía creer que me hayan propuesto hacer una cita para un test vocacional sin costo alguno, aun siendo alumna de otro universidad. Y básicamente a raíz de esa visita y de la siguiente para tomar el test vocacional que hice a la universidad de mi ñaña me hicieron pensar que tal vez estoy estudiando en el lugar equivocado estudiando una carrera que se ajusta a mi personalidad pero que tal vez hay alguna otra carrera que se ajusta mejor.

Creo que desde el colegio he estado viendo las cosas de la manera equivocada y recién ahora he aprendido que en cuestiones de felicidad, el orden de los factores sí afecta al producto. Siempre creí que ser la mejor estudiante, la mejor compañera, tener las más altas notas, llevar la bandera, me llevarían a un lugar grande y me prepararían para la Universidad, pero en realidad nunca fui reconocida como la mejor alumna, siempre hubo alguien un puesto más arriba, que pasé los años en los que todos disfrutaban la mejor etapa del colegio preocupada por mantener una media de notas para obtener tal vez una beca modesta en la universidad, y heme aquí. Sólo recuerdo esto para tener presente que la etapa del colegio ya me la perdí y que no quisiera que siga pasando lo mismo durante la vida universitaria hasta que cumpla quien sabe cuántos años.

Creo que mi, llamémosle fracaso se divide en dos aspectos. El primer aspecto tiene que ver con las malas decisiones que he tomado en cuestiones de tiempo y tal vez en la elección de la carrera, tal vez sí tenían razón las veces que dijeron que yo no tenía el carácter para estudiar una carrera tan dura. Al graduarme entré muy rápido a la universidad, sin muchas opciones para elegir y al parecer sin haber aprendido del error, al cambiarme de universidad volví al mismo trámite de entrar al apuro. Sin importar las razones que me llevaron a tomar estas decisiones, debo decirles que el “yo te dije” hoy no sirve para nada más que hacerme sentir aún peor y para uds librarse de las decisiones por las que debo decir me hago responsable solamente a mí. La otra parte de mi fracaso se resume literalmente a algún tipo de mala suerte o algo por el estilo. Ahora no sólo sé, creo, que la línea que separa la perseverancia del fracaso es extremadamente delgada y después de 3 años, quisiera pensar que invertidos y no perdidos, debo aprender a reconocer que no me da ido de lo mejor.

La medicina es una carrera gratificante, humana y todo lo que una carrera de carácter científico/social pueda conllevar, pero para llegar a ello el camino es demasiado largo. Me intriga ver a mis profesores los más jóvenes empezando su práctica privada en el mejor de los casos a los 32 años, aspirando a los 35 años recién poder comprarse un carro, para a los 38 tener un bien propio e irse de la casa de sus papás. Y no es que yo quiera irme (jajaja), pero tampoco quiero empezar a vivir a los 40. Pero tal vez el problema no sea aspirar a formar una familia a los 40 años para vivir cómodos, sino que yo me cuestione demasiado. En todo caso, desde el punto de vista práctico y económico, esta carrera es el peor negocio, más aún cuando se ha perdido tanto tiempo como en mi caso. Me inquieta ver que absolutamente todos los doctores que conozco, amigos y no amigos, acá y en Estados Unidos, por mucho dinero que hagan en su práctica, se quejan de falta de tiempo, de cansancio, y casi ninguno disfruta de una vida en familia, y sí, para vivir una vida cómoda hay que hacer sacrificios, pero no vale la pena cuando se trata de una carrera tan absorbente y extrañamente ingrata. Son poquísimas las personas, que como yo, tienen la oportunidad de verdaderamente relacionarse con una práctica médica antes de llegar a los últimos años de la carrera y creo que es esta la razón por la cual, ahora dudo tanto de la carrera, porque se lo que realmente significa tener un consultorio, y definitiva no se compra con la ilusión de todo estudiante nuevo de medicina queriendo ayudar al mundo como veo a mis compañeros, porque muy por encima está la tranquilidad emocional. He tenido la oportunidad de sentir la intranquilidad de tatar a pacientes intervenidos en nada y más y nada menos que una cirugía de cáncer de piel, he tenido la intranquilidad de pasar la noche pensando si la Sra. Moscoso no sangró cuando fue al baño. La medicina me encanta, es un mundo entero lleno de cosas nuevas, además que la sensación de aprender algún mecanismo o sistema humano me parece increíble, pero estoy segura que no podría vivir una vida tranquila teniendo una Sra. Moscoso en mí consulta cada día porque al igual que uds soy de las pocas personas que les interesa verdaderamente el tanto el fin como los medios, escrupulosos, honestos y más preocupado por el bienestar que por el dinero.

Creo que absolutamente todo lo que ha pasado en los últimos 3 años, me volvió una persona frágil y vulnerable y creo que no vale la pena recordar hechos puntuales pero si debo decir que la presión de saber que hay tanto dinero invertido en el consultorio que debería más adelante ser mío y ver que me va pésimo en mis estudios por factores totalmente externos a mi desempeño como alumna me ha estado matando. Podríamos discutir horas enteras de que debí haberme ido al extranjero, o cualquiera de las mil ideas de las que alguna vez se hablaron, pero lo cierto es que no soy de ese tipo de gente que se despega de su familia así nada más y prefiero mil veces soportar la tortura emocional por la que paso ahora que estar lejos de mi familia. Me encanta ayudar en el consultorio, hacer mousse de atún cuando hay invitados, organizar los cumpleaños de Dudy. Creo que en cierto sentido soy de esa gente romántica que imagina algún día tener hijos y que ellos compartan con sus abuelos porque creo en la familia extendida y porque más aún después de lo de Javico la familia debe estar unida no sólo en festividades, más aún que ahora hemos aprendido a convivir sin pelearnos a cada rato, más ahora que parece que cada vez somos menos.

Mucha de mi desilusión tiene que ver con el lugar donde estudio, saber que mis esfuerzos nunca serán justamente reconocidos, que debo soportar cosas como recibir clases sentada en el piso y demás y más aún saber que hay gente a la que nunca en su vida le ha pasado este tipo de cosas y estudian en la misma universidad, en la misma facultad que yo, me han llevado a concluir que a veces simplemente el universo advierte de que esto no es lo mío. Debo reconocer que al principio estuve deprimida por verme sometida a un montón de abusos de parte de esa universidad, pasaba brava pensando que esto era un tipo de castigo, pero he estado asistiendo a clases, cumpliendo con mi deber, y esperando que los ciclos acaben lo más rápido posible, así que imagino que puedo concluir que he aprendido a sobrellevar mejor la adversidad, sin embargo, me asusta pensar que me estoy convirtiéndome en una persona indiferente, yéndome en contra de mis mismas creencias y principios esperando sólo pasar materias y olvidándome de vivir un poquito más. A veces quisiera poder leer un libro que no sea de medicina, pero sé que de aquí a 8 o 10 años, no tendré tiempo para hacerlo a menos que esté en vacaciones, que representan exactamente dos meses de un año entero de mi vida y me pone muy triste darme cuenta de que los únicos momentos en los que paso realmente tranquila, son durante los dos meses de vacaciones en los que tengo tiempo para olvidarme de que estudio medicina. Sé que sería excelente médico, tengo el nombre, el consultorio, sería independiente, que es lo que siempre han querido para mí y que asumo es también lo que yo quisiera, pero en este caso el fin no justifica enteramente los medios porque no me está yendo bien, estoy consciente, y lo estoy permitiendo.

Tal vez en algo haya influido la reciente muerte de este chico que mi ñaña y yo conocíamos para hacerme pensar que siempre he hecho todo en función de una proyección a futuro pero en la mayoría de los casos una proyección muy lejana y que si en medio del camino algo pasara mi proyección acabaría y me habría prohibido de todo lo que me gusta hacer. Y después de tantos chicos de mi edad que han muerto, recién ahora pienso en esto porque a diferencia de todos los otros casos, este chico tuvo un tumor cerebral, no “se mató” en un accidente, no murió por imprudente, lo que me hace darme cuenta que el que yo no me exponga, porque evito el peligro, no me hace inmune.

He tomado pésimas decisiones todos estos últimos años y ahora necesito un buen consejo para decidir qué hacer sin perder más tiempo ni dinero. Si creen que en otra carrera me iría bien necesito que me lo digan porque me aterra pensar que puedo volverme equivocar o elegir una carrera para la que no sea buena y seguir en el cuento de cambiarme de universidad y no avanzar. Y si creen que medicina es lo mejor para mí, olvidándonos del pasaporte español, de lo que vaya a pensar mi abuela, del consultorio, de Mohs, del láser, seguiré en medicina asumiendo los sacrificios que deba hacer.